de la imaginaria visita de Jane Jacobs a la Cañada Real Galiana. 6M2012. (Casilda Cabrerizo)

Las intensas desigualdades sociales que el sistema capitalista se encarga de universalizar e incrementar, tienen en el territorio una evidente traducción en la proliferación de paisajes urbanos de exclusión y encierro. Por un lado, las clases sociales adineradas primero, y las medias más tarde, se auto excluyen y se encierran en urbanizaciones defensivas con el objetivo de separarse y diferenciarse del otro, el que no es económicamente semejante, todo ello alimentado por la creciente cultura del miedo. Por otro lado, los más pobres son obligados a la exclusión y al aislamiento por la poderosa maquinaria del capital que, fundamentalmente, a partir de la década de los años cincuenta, reclama desde el ámbito rural mano de obra abundante y barata para los proceso de reindustralización y urbanización.
Así, poco a poco, y como señala el sociólogo francés Pierre Bourdieu, el tejido urbano se ha ido ordenando en función de las capacidades adquisitivas y el capital cultural.
La Cañada Real Galiana ejemplifica, con su escala y sus localismos, los espacios urbanos inconclusos, de exclusión forzosa, de frontera, donde los flujos migratorios son más intensos. Hoy, constreñida en algunos de sus tramos por la ciudad oficial y especulativa, se observa como esa yuxtaposición de paisajes señalan nítidamente las injusticias sociales y las diferencias de oportunidad. También ejemplifica la histórica incapacidad gubernamental para la gobernanza .
Pero ¿cómo y cuándo la Cañada Real paso a ser Cañada Marginal?
La Cañada Real está donde está por su carácter nacional y de dominio público. Con la decadencia del Honrado Concejo de la Mesta y del poderoso sector ganadero-lanar de la “primera España” a partir del siglo XIX, la red de cañadas entra en desuso, pero su condición jurídica de dominio público y de incompatibilidad con otros usos se mantiene. Los conflictos históricos entre agricultores y ganaderos por las diferencias en privilegios reales, dejan paso a los conflictos por el suelo de tipo inmobiliario.
El origen de la Cañada Real no fue excepcional. Los inicios del asentamiento se enmarcan en un contexto de intensos movimientos migratorios de población desde el campo a las grandes ciudades durante las décadas de los años cuarenta y sesenta, dentro de la política económica-territorial franquista que potencia las actividades industriales en unas pocas ciudades. En el caso de la Cañada, la ocupación se produce en torno al corredor metropolitano industrial-residencial Coslada-Torrejón-Alcalá de Henares que se está formando en esos momentos (el vuelo americano de 1959 muestra ya el arranque del asentamiento en Coslada, frente al Real Sitio de San Fernando).
Se trata de uno de los muchos tejidos urbanos de carácter espontáneo y de autoconstrucción que surgen en la periferia de Madrid en la década de los años cincuenta, tanto en suelo privado como público. Cabe aquí diferenciar entre urbanizaciones marginales, aquellas en las que intervienen agentes urbanos o propietarios de suelo rústico de las periferias que para obtener plusvalías convierten el uso de sus propiedades y las venden a los recién llegados, y ocupaciones ilegales donde no se produce transacción mercantil puesto que se dan sobre suelo público. La Cañada Real pertenece a estos últimos casos.
Ambas tipologías de asentamientos se desarrollan al margen del planeamiento convencional pero todos ellos hay que entenderlos como auténticos procesos de creación de ciudad, hoy residuales en nuestras latitudes pero muy comunes en países en vías de desarrollo. En todo caso, las semejanzas en localización (periférica y aislada) y en tipo de paisaje que crean son notables (plano regular que usa las lindes agrarias como límites de las parcelas y los caminos como calles, y en permanente construcción de las viviendas en función de la disponibilidad de dinero).
Si el origen del asentamiento en la Cañada Real Galiana no fue excepcional, si lo ha sido su evolución. La mayoría de estos asentamientos o se han regularizado e incorporado al planeamiento oficial (siendo hoy visibles sus huella en espacios ya centrales de la ciudad) o se han erradicado (principalmente el conocido como “chabolismo”, el ilegal sobre suelo público). Los factores de localización y nivel de consolidación han sido clave en la solución final adoptada en cada caso.
Y entonces, nos preguntamos ¿por qué la Cañada Real no ha sido afectada por alguno de estos procesos y ha seguido creciendo casi ilimitadamente hasta alcanzar los cerca de 15 kilómetros que hoy ocupa? ¿Por qué, de repente, en el año 2007 comienzan los derribos por parte de las administraciones?
Por un lado, la falta de gobernanza histórica que caracteriza nuestra región puede ser la clave que explique la ausencia de soluciones. La Cañada Real sirvió para fijar los límites municipales, por lo que confluyen sobre ella varias administraciones: Coslada, Madrid, Rivas-Vaciamadrid y Getafe. Sin embargo, la indiferencia histórica de las administraciones que ha convenido la creación de “una serpiente de cincuenta años de marginalidad social”, se trunca en el año 2007, cuando comienzan los derribos indiscriminados y “ejemplificantes”. Este cambio de rumbo, parece coincidir con las últimas pretensiones de extender la ciudad de Madrid hasta el límite este del municipio planificadas por el PGOU de 1997. Concretamente, son los desarrollos urbanísticos de Los Ahijones, Los Berrocales y Valdecarros los que, de no haber explotado la burbuja inmobiliaria y haberse culminado, se acercaban “peligrosamente” al asentamiento marginal, convirtiéndose este, tras décadas de indiferencia, en una molestia para los intereses del capital inmobiliario y una mancha para la imagen de ciudad moderna que la municipalidad de Madrid se empeña en difundir. También en el caso de Rivas-Vaciamadrid los nuevos desarrollos, de tipologías propias de la ciudad difusa y cerrada, han alcanzado los márgenes de la Cañada, dibujando un espacio de contacto, una frontera, donde se dan la espalda dos realidades opuestas: en una, los niños caminan con zapatos nuevos por las aceras de sus calles de camino al colegio; a pocos metros, los niños de la Cañada, ensucian sus viejos y únicos zapatos al recorrer la distancia que separa sus casas de la escuela completamente embarrada, sin que sus padres y vecinos hayan podido concluir con éxito el intento colectivo y autogestionado de mejorar el recorrido con una intervención básica pero útil.
No puede haber más demora. La fuerte incertidumbre y las condiciones de precariedad en la que viven miles de personas en la Cañada Real, requiere una solución inmediata por parte de las administraciones públicas, una solución que haga justicia con la historia y las gentes de este lugar. LEGALIZACIÓN YA DE LA CAÑADA REAL GALIANA

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Un Comentario

  1. veintemillas

    Artículo muy interesante y muy bien explicado. En efecto las administraciones locales deben dar una respuesta a esta situación aunque ahora es difícil que sus presupuestos puedan abarcar este problema.

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